domingo, 31 de julio de 2016

LA DANZA TIENE VIDA PROPIA Y ES LIBRE



Por:  Cristhy Toro

Es éste el pensamiento que siempre ha marcado mi arte,  y a pesar de tener el honor de formar parte de agrupaciones dancísticas nunca he perdido mi carácter de bailarina independiente. Es por ello que me considero una activista LGBTi desde ya hace algunos años –tanto de corazón como de acción- y cuando FranciscoGuayasamín  me propuso formar parte del Festival Inclusivo por el Orgullo Gay 2016, con mis danzas orientales, no lo pensé dos veces. Tanto así que desde ese mismo día trabajé en la puesta en escena del performance a presentarse.

Aprovechando el estado de gestación en el que se encontraba una colega bailarina (Lucía Miranda bailarina contemporánea). Decidí proponerle la idea de llevar a escena su dulce realidad para explorar el tema de la maternidad-sexualidad, y mostrarlo con un enfoque de sensualidad, de empoderamiento y  de total naturalidad. Pero una vez comenzado el montaje y ya con la coreografía lista; la misma que fue un “Baladi”, ritmo árabe de cuatro tiempos. Que se lo escogió, justamente, por su cadencia manejable. Mi compañera de fórmula tuvo que reforzar sus cuidados y por ende suspender en el acto, el proyecto dancístico. Así que todo se removió y se contempló incluso la  posibilidad de hacer un solo y con esto cambiar totalmente la idea inicial.

Pero días después un amigo, tuvo la brillante idea de sugerir el proponerle la participación dentro del  performance a un personaje “Drag”. Es así que se lo propuse a Alexander Cisneros  que es bailarín de folclore latinoamericano y un joven actor de teatro que está incursionando dentro del mundo Drag ecuatoriano.  Ante lo cual, él aceptó muy gustoso, pensando que su papel sería como bailarín masculino. Grande sería su sorpresa cuando se le aclaró que  a quien se requería en escenario era a su fémina Drag  y no a él, en papel masculino.  Es así que el reto era mucho mayor pero “Kataleya” Drag Queen, lo supo asumir con la mejor predisposición.

Ante el nuevo horizonte el concepto que en un inicio se enfocaba en la maternidad-sexualidad-sensualidad; dio  un giro para enfocarse en fusionar dos grandes artes; la danza árabe y el arte drag.

De esta manera, la nueva versión giraba ahora alrededor de la sensualidad de esta danza a través de la interpretación de un personaje drag. Los ensayos fueron muy apasionados y sentidos pues el tiempo se  venía encima y había que despertar esa caderita hacia los ritmos orientales, corregir postura de manos, actitud, y suavidad en el manejo del velo. Elemento arabesco escogido desde un inicio, por su carácter de etéreo, de misterio, del mostrar y ocultar. Que en el primer montaje se prestaba para jugar con el vientre florecido pero ahora era un constante descubrir de la personalidad única de nuestro drag.

Hasta que llegó el gran día, el compartir tras bambalinas con Alex en su transformación tuvo su aire de singularidad. Pues todo era diferente, un ying y un yang todo el tiempo presentes, las energías eran diferentes; puesto que no eran dos bailarinas mujeres compartiendo un camerino, era una mujer-bailarina y un hombre-actor en su proceso de metamorfosis hacia una ella, que en este caso, con rima y todo, era Kataleya.  Ahora desde el vestuario, por sí solo era original. Desde sus múltiples mallas que hacían el milagro de afinar la figura en cuestión de segundos; el ocultar partes precisas como brazos y piernas que una belly-dancer muy por el contrario, sutilmente, las muestra. Y qué decir de las artificios para precisar la peluca, sin mencionar las interminables horas de maquillaje.
  
Todos estos detalles hicieron que la experiencia sea memorable al dejar sentado que el arte tiene diversos matices y que el reto perenne siempre estará en atreverse a explorar nuevas y sentidas vivencias –con el respeto, claro está, de cada género- como lo fue esta primera fusión, con estas expresiones artísticas:



La Danza Árabe y El Arte Drag  en nuestro Ecuador lleno de mil colores…



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